Portugal, 11 de Abril de
2001
Excmos. Señores /Señoras,
Nuestra carta tiene la única y exclusiva finalidad de despertar las conciencias que hace
años están adormecidas respecto a los espectáculos taurinos.
En el siglo XXI, por increíble que parezca, algunos países de la Unión Europea,
continúan alegremente torturando animales en un espectáculo bárbaro y cruel que algunos
iluminados se atreven a calificar de artístico y cultural.
Hasta hace algunos años los países vivían encerrados en sí mismos, pero la realidad
hoy es otra y bien distinta.
La Unión Europea integra un conjunto de países que decidieron unirse y establecer
políticas comunes.
Ya no hablamos, pues, de cada país individualmente, sino de un conjunto de países, con
políticas comunes, ideas comunes y muy próximamente con una moneda única.
Ante esa realidad, y ante esa supuesta unión, hay tres países que persisten en adoptar
ciertas políticas, en una actitud minoritaria frente a todos los otros que componen la
UE. Hablamos concretamente del problema de las corridas de toros.
Como sus señorías saben, en la actualidad, solamente tres países de la UE celebran
corridas: España, Francia y Portugal, frente a una mayoría que, o nunca las organizaron
o hace siglos que las prohibieron.
Es también del conocimiento de sus señorías, que la gran mayoría de la población que
integra esos tres países es claramente contraria a ese espectáculo bárbaro y cruel, el
cual una minoría con mucho dinero y que vive a costa del sufrimiento de los animales,
llena sus bolsillos y se enriquece, mientras persigue por todos los medios mantener viva
esa supuesta y moribunda manifestación cultural.
Ganar dinero a costa del sufrimiento, sea de quien fuera, animal humano o animal no
humano, es vergonzoso. El sufrimiento no puede servir para llenar los bolsillos de nadie.
Mas esos señores, que se alimentan, viven y enriquecen a costa del espectáculo de sangre
y dolor que es la corrida, quieren que millones de personas en toda la UE paguen a través
de sus tributos los supuestos prejuicios que tienen debido al problema de EEB, demandando
subvenciones, exigiendo que los gobiernos de sus países y la propia UE paguen los gastos
de transporte, la incineración de las reses lidiadas, etc.
Pero la mayoría del pueblo europeo no sólo no está dispuesto a pagar tales gastos, sino
que no admite que el dinero de sus tributos sirva para financiar espectáculos
sangrientos.
Lamentablemente, la política de la UE ante las corridas hasta hoy puede ser comparada a
la del avestruz, o sea, enterrar la cabeza en la arena y pretender que no pasa nada.
Por un lado, es del conocimiento general que la UE no ve con buenos ojos la subvención
del espectáculo taurino, pero al mismo tiempo y hasta hoy, nada ha hecho para erradicarlo
del espacio europeo.
No existen justificaciones para continuar justificando la existencia de corridas de toros.
No es un problema de extinción de una raza o de una especie (ya saben sus señorías que
el toro de lidia no constituye una raza, a diferencia de otras bovinas españolas a punto
de desaparecer), ni de empleo (porque esos señores que viven a costa de ese negocio sucio
de sangre de animales inocentes, pueden trabajar en otras áreas como hace la mayoría de
la población europea).
En la UE se legisla y se acogen políticas de protección animal (la legislación es
extensa y por lo tanto no es necesario hablar de ella en esta carta), mas si por un lado
se legisla, y bien, a favor del bienestar animal, por otro se insiste en abrir excepciones
que incluyen las corridas. Todo ello nos lleva a pensar que la hipocresía reina en la UE,
y por ello nos preguntamos: ¿para la UE hay animales de primera y animales de segunda?
La respuesta es simple: los toros son tan animales como los otros y tienen la misma
capacidad de sentir y sufrir, por lo tanto no pueden continuar sus señorías cerrando los
ojos ante esos espectáculos de diversión para una minoría de personas sin escrúpulos
que maltratan y torturan animales solamente por sed de sangre.
La política seguida por la UE frente a la problemática animal es de una total
contradicción.
Es pues hora de dejar de mirar para otro lado y tomar medidas concretas para terminar con
esa vergüenza.
Las asociaciones subscriptoras de esta carta, que representan una gran mayoría de la
población que está en contra de las corridas y que quiere acabar con esos espectáculos
degradantes, vienen a apelar a sus señorías para que, en el ámbito europeo, sean
tomadas medidas y se abra una discusión parlamentaria en tal sentido.
En nuestro favor están todos los países que, no teniendo corridas, las están
subvencionando a través de los tributos de sus ciudadanos y que nos apoyan en esa lucha.
Ese amplio Movimiento cívico que existe, no solamente en uno o dos países, sino en todos
los de la UE, no descansará y no dejará de presionar a la UE hasta que sean decididas
medidas concretas.
Por lo expuesto, las Asociaciones firmantes,
SOLICITAN
Que sea eliminado del "Protocolo sobre la Protección y el Bienestar de los
Animales", que figura como anexo al Tratado de Amsterdam, la sección que permite la
realización de estos espectáculos crueles y contrarios al bienestar de los animales como
SERES SENSIBLES, a saber, la segunda parte, en la que se dice: "...respetando al
mismo tiempo las disposiciones legales o administrativas y las costumbres de los Estados
miembros relativas, en particular, a ritos religiosos, tradiciones culturales y patrimonio
regional".